Mirar para otro lado, Cristina Martínez

Mirar para otro lado, Cristina Martínez

LAS MUJERES DE AFGANISTÁN,

MIRAR PARA OTRO LADO

 

Por Cristina Martínez 

En la actualidad, es evidente que las diferencias biológicas no tienen nada que ver con las diferencias intelectuales. No obstante, en medio mundo se niega esa evidencia y se considera a las mujeres seres inferiores. Hablo de la mayoría de los países musulmanes y en concreto de Afganistán.

Parece que hablamos de marcianos y, sin embargo, los tenemos muy cerca.  Lamentamos esa situación, pero no hacemos nada al respecto…  ¿Y qué podemos hacer?, me preguntan. Debemos movilizarnos con todos los medios a nuestro alcance, les respondo, para denunciar esa aberración, y evitar que se normalice ese país a nivel político y económico.

Aunque en general las religiones han tratado siempre mal a las mujeres y salvo honrosas excepciones, no les han dejado sitio, en el pasado, la musulmana era una religión tolerante con las mujeres.  Hoy en día, sin embargo, prima en ella la intolerancia, el fanatismo, y el sometimiento de la mujer hacia la esclavitud.

Lo alarmante es que seamos las mujeres de mi generación, quienes tuvimos que luchar a brazo partido para hacernos hueco en una sociedad de hombres, quienes estemos reaccionando ahora frente a tal brutalidad e injusticia, mientras que las jóvenes herederas nuestras permanecen calladas e inertes.  

 

El deseo de estudiar y aprender es consustancial al ser humano, pero hoy se les niega a las afganas.  ¿Y si fuera al revés?  Que fueran los hombres quienes tuvieran prohibido estudiar y aprender y hubieran de quedarse al cuidado del hogar y de los hijos, subordinados además al capricho de sus esposas.  ¿Y si para salir de casa tuvieran que hacerlo acompañados por alguna mujer de la familia?   Y, por supuesto, que no se les ocurriera mirar a ninguna otra mujer, porque eso conllevaría un castigo terrible, incluso la muerte.  ¿Qué pasaría si una simple acusación de  su mujer, harta de él, o tal vez con idea de sustituirlo por otro, bastase para que le pegasen un tiro en la cabeza en plena calle y sin juicio previo?

La sororidad, hermanas, es algo que está por encima de las distancias geográficas y de las diferencias sociales y culturales.  La sororidad es algo que nos engloba a todas.  Todas pertenecemos a ese género maltratado durante siglos y, si no reaccionamos y nos solidarizamos con las afganas haciendo todo lo posible por ayudarlas, pronto nos tocará a todas llorar y arrepentirnos de haber mirado para otro lado…

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MENTES ABIERTAS

Nosotras… Las mujeres de hoy

Nosotras… Las mujeres de hoy

Nosotras…                   

Las mujeres de hoy

Por Cristina Martínez Martín

Nosotras, las mujeres, las hijas del baby boom,

que rompimos el techo de cristal que aprisionó la vida de nuestras madres,

y no seguimos su ejemplo…

 

Nosotras, que, alentadas unas veces en el vuelo por ellas, y coartadas otras veces por su miedo, nos lanzamos al vacío de un horizonte desconocido, y perdimos muchas veces el rumbo, y tropezamos, nos caímos, y nos destrozamos en los adoquines de la calle…

Nosotras que tuvimos que volver a levantarnos maltrechas, una y otra vez, con la mirada al frente… 

Nosotras, que tuvimos la dicha de poder estudiar, formarnos, y luego trabajar fuera de casa y ganar nuestro medio de vida, en tanto cargábamos con las labores del hogar y la crianza de los hijos, posponiendo la ambición profesional a la personal, pero sin perder nunca de vista esa igualdad soñada, ansiada, y ganada a pulso…

 

Nosotras que tanto batallamos para que nuestros hijos e hijas tuvieran el camino allanado hacia una sociedad menos trabajosa e injusta; una sociedad en la que hombres y mujeres sobre un pie de igualdad construirían un mundo mejor;  un mundo en el que conjugar el verbo amar no significara o él o yo…

Nosotras que nos quisimos tanto y unimos por primera vez en la historia nuestras voces para hacer Historia, y dejar de ser el mueble arrumbado, la madre sacrificada, o la amante escondida, y poder labrarnos biografías inconformistas y ser dueñas de nuestro destino…

Nosotras que nunca quisimos ocupar espacios de poder a costa de comportarnos como hombres, y aspiramos a vernos reflejadas en mujeres como Merkel, que está donde está no por ser la esposa de, si no por su esfuerzo y sus propios méritos, así como otras nuevas mandatarias de diversos países y hoy Kamala Harris… 

Nosotras, que tanto sacrificamos en nuestras vidas, no podemos mirar ahora impasibles cómo se pierden esos logros, ni aplaudir que se nos coloque en un lugar de poder por el mérito de nuestras parejas, ni tampoco debemos admitir ser el vientre reproductor de los que sólo pretenden con su ideología medieval recuperar la soberanía masculina, y aplastar las libertades conseguidas por las mujeres occidentales con tanto esfuerzo…

Nosotras, que nos acercamos al final del camino cual navíos destrozados en los acantilados de la vida, no podemos celebrar ciertos comportamientos ni callarnos, porque eso sería traicionar todo aquello por lo que hemos combatido toda nuestra existencia…

 

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MENTES ABIERTAS

San Valentín, el santo del amor

San Valentín, el santo del amor

San Valentín,

el santo del

amor

Por Cristina Martínez Martín

¿CONOCES SU HISTORIA?

Valentín fue un sacerdote que, en Roma, en el siglo III de nuestra era, celebraba matrimonios de jóvenes enamorados en contra de la prohibición del emperador, por lo que fue condenado a muerte.

Se pierde en los flecos de la historia desde cuando se celebra el día de los enamorados en honor a Valentín…

A los avisados comerciantes especialistas en vendernos sueños, les interesa
transformar el poema, con el que se pretendía mostrar una vez más el amor de cada día a la persona amada, en un regalo.

Un regalo significa caja. Y ahora, en tiempos de la pandemia, cualquier caja es bienvenida. Ese regalo fue pasando con el tiempo de un detalle a una flor, de flores a objetos codiciados, y en último lugar a joyas en función del poder adquisitivo de la pareja…

Ahora que la pandemia ha transformado nuestro mundo y nos fuerza a cambiar y a modificar los valores de usar y tirar de los que nos servíamos antes, forzándonos a la reflexión…

En un principio y como decía mi padre: quien está enamorado, lo está todos los días del año y no sólo el día de san Valentín, y demostrarlo a la pareja es un trabajo cotidiano a veces bien duro, imposible de evaluar materialmente, aunque siempre recompensado, no ya porque el otro lo devuelva sino porque generar amor enriquece a quien ama…

 

Llenar de contenido material un sentimiento romántico y espiritual como el amor es contradictorio, pero vivimos muchas contradicciones en nuestras vidas, y los
comerciantes me maldecirán por sacar a colación semejantes reflexiones en estos tiempos…

Ahora que estamos de nuevo apreciando lo que tenemos sin desear con avaricia todo lo que la publicidad se esfuerza por hacernos desear…
Ahora que comprendemos al fin que, con nuestra fiebre enceguecida y consumista, nos estábamos cargando el planeta, nuestro medio ambiente, nuestros recursos naturales, el agua, el mar, a todos los seres vivos, y hasta el aire que respiramos… más pierde sentido.

Ahora que nos encontramos en la prisión del confinamiento, es cuando tenemos la oportunidad de aprender de nuestros errores, y apreciar lo que de verdad cuenta en nuestras vidas. Y el amor, ese amor del que hablan los poetas y que nos hace trascender nuestros egoísmos para transformarnos en seres generosos, no tiene valor material. Ahora bien, sin él nos sentimos profundamente desgraciados y desvalidos, pues sin él todo lo demás pierde sentido.

 

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