Agradece, lucha, y sueña. Yolanda Mármol

Agradece, lucha, y sueña. Yolanda Mármol

Agradece, lucha,

y sueña.

 

Por Yolanda Mármol

Muchas veces, tenemos que llegar a limites insospechados

para darnos cuenta de lo realmente importante,

y solamente es una cosa: LA VIDA.

Muchas veces, decidimos cambiar cuando nuestro cuerpo ha alcanzado cotas de dolor y sufrimiento inmensas, que solamente nuestra ALMA puede rescatarnos y salvarnos. El resto solamente DIOS (llámese energía, universo, naturaleza, etc.) lo sabe.

Muchas veces, tenemos que perdonar cosas a los demás que jamás nos perdonaríamos a nosotros mismos, si queremos estar en paz y reducir nuestro dolor físico y emocional.

Muchas veces, la vida es puñetera y cuando empiezas a conseguir sueños, la vida te quita el sueño.

Muchas veces, la vida te aleja de personas que en el fondo quieres y te quieren porque existe el libre albedrío y cada persona sabe hacer las cosas a su manera, ni peor ni mejor, sino diferente.

Muchas veces, tienes que ver y sentir la oscuridad para encontrarte con seres de luz.

 

 

Muchas veces, tienes que aparentar ser fuerte si quieres que tu fuerza interna aflore.

Muchas veces, Dios parece muy injusto, pero en los sucesos negativos afloran las bellas personas, se reaviva el alma de mayor pureza y logras perdonar a todos de corazón, que es la única manera de perdonar.

Muchas veces, odiamos, pero desde el odio solamente habrá caos en nuestra vida. Aun incluso, aunque todo lo de fuera esté bien, en nuestra soledad habrá caos. El caos es interno y no, externo.

Muchas veces, he conocido personas con caos impresionantes y felices (o en paz), y personas con entornos y vidas equilibradas, pero con almas en pena.

Muchas veces, podemos ser tan caóticos y desdichados que necesitamos historias tan duras de soportar para darnos cuenta de lo efímera que es la VIDA, de lo “insignificantes” que somos como seres humanos, a nivel egocéntrico.

 

Muchas veces, he reflexionado y sentido, pero otras tantas, he sobrevivido en soledad con el frio y el silencio como testigo. Porque cuando estás sobreviviendo, literalmente hablando, la reflexión pasa a un segundo plano. ¡Ya habrá tiempo para la reflexión!

Muchas veces, he perdonado cosas y me he dado cuenta de lo sanador que es el perdón, pero como ser humano, soy consciente que aun me quedan cosas que perdonar, y al otro, también. Andamos juntos en esta isla de perdones pero cada cual tiene su trabajo particular.

Te he hablado de muchas veces, pero siempre aprendemos en el dolor y, no con ello quiero decir que tenga que haber dolor para aprender, pero el ser humano es caprichoso y egocéntrico, y necesita una espina muy dolorosa para convertirse en una mejor versión de sí mismo.

Y siempre, hay que dar las GRACIAS, porque si agradecemos es señal de que estamos vivos. Y la vida, a pesar de sus injusticias, es agradecida, lucha por el ser humano y su integridad.

 

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IKIGAI, Cristina Martínez Martín

IKIGAI, Cristina Martínez Martín

Por Cristina Martínez Martín

IKIGAI

¿Conoces el propósito de

tu vida?

Tal vez sea llegado el momento de que el ikigai de las mujeres sea tomar el poder,

al menos, hasta que el planeta recupere la paz.

Para quienes estén familiarizados con la cultura japonesa, el ikigai es el propósito de la vida, es decir, aquello que le da sentido y que nos motiva a levantarnos de la cama con energía pese a que todavía tengamos sueño, el cuerpo nos pese y ver el mundo en el que estamos al despertarnos requiera mucho valor.  Es un hecho.  A nivel mundial nuestros esfuerzos por intentar amortiguar el cambio climático son fútiles. Cualquiera de las guerras sin sentido, como lo son todas las guerras (la de Ucrania y Rusia, la de los numerosos países africanos en guerra, la del Yemen de la que nadie habla pese a las matanzas diarias de civiles, la de Israel y Palestina ahora etc.), lanzan a la atmósfera en un sólo día mucho más gas invernadero del que hemos podido evitar en nuestras ciudades con nuestras medidas de reciclaje en todo un año. 
  La única religión que prolifera con pujanza es la musulmana; una religión que convierte a las mujeres en ciudadanas de segunda cuando no en esclavas sexuales y meras reproductoras de la especie. Y las continuas demostraciones de los líderes de la tierra para ostentar su poder con armas cada vez más poderosas, mortíferas y eficaces nos ponen los vellos de punta. En esas condiciones, nuestros jóvenes y no tan jóvenes se suicidan más que nunca; las drogas campan a sus anchas destruyendo familias y los mayores miramos horrorizados e impotentes para otro lado.  

Está claro que, salvo algunas honrosas excepciones, el poder está en manos de ellos, de los hombres y que su exceso de testosterona y arrogancia nos está llevando a la destrucción del planeta.  Tal vez sea llegado el momento de una gran revolución que descarte los esquemas de poder consabidos y entregue el poder a las madres y abuelas, es decir, a las mujeres.   Nosotras no queremos que nuestros hijos mueran en ninguna guerra y, por lo tanto, no vamos a alentar conflicto alguno… Tal vez sea llegado el momento de que las mujeres negociemos, como siempre hemos hecho, en lugar de pelear para alcanzar acuerdos de bien común.

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