Siempre hay oportunidades para ser positivos, Yolanda Mármol

Siempre hay oportunidades para ser positivos, Yolanda Mármol

     Es cierto que estamos viviendo una situación muy delicada; la pandemia ha puesto todo patas arriba y ha roto todos nuestros esquemas. Nadie está preparado para una situación así. Pero no es menos cierto que, el virus nos ha enseñado a sacar el lado más humano y ha desarrollado su lado más empático porque nos ha hecho ver, más que nunca, que todos somos vulnerables.

Siempre hay oportunidades para ser positivos

AUNQUE ESTEMOS EN MEDIO DE UNA PANDEMIA

 

 

 Yolanda Mármol

En este libro tendrás la valentía de mirar atrás, pero no desde la melancolía ni para aferrarte el pasado, sino para conocer tu punto de partida, y en qué tipo de persona quieres convertirte, porque la finalidad es que logres una transformación personal, donde prima tu ser, tu esencia, lejos de egos y lejos de ataduras materiales y emocionales.

Hay una frase del libro que me gusta mucho y que resume todo lo que en él te quiero transmitir y dice así: “Por grandes que sean tus miedos, si en tu corazón laten las ganas y deseos de hacer de tu sueño una obra de arte, te pondrán escaleras escurridizas para que consigas así, ser el propio alquimista de tu vida”.

Y hablando de vulnerabilidad, justo en esos momentos en los que una se encuentra más vulnerable, pude sacar el lado positivo y retomé la escritura del libro que había comenzado en el 2019 y que lo había ido postergando. Gracias al confinamiento pude acabarlo y a día de hoy está recién publicado y lleva por título: El viaje del que nadie te habló: Tu Ser.

En realidad el título del libro va muy en sintonía con lo que decía anteriormente, ya que, todo este caos ha hecho que nos replanteemos la vida de otra manera, a aprender cosas nuevas y hacer las cosas de una forma totalmente diferente a como veníamos haciendo. Todas nuestras acciones, que a muchas personas les ha hecho sacar lo mejor de ellas mismas, ha repercutido a todo un colectivo y sociedad, porque todos estamos interconectados, y no hay acción que no llegue a otra persona aunque esté lejos de nosotros, tal y como dice el siguiente proverbio chino que lo ilustra a la perfección: “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

Es un libro muy apropiado para leerlo en estos días, que pasamos más tiempo con nosotros mismos, porque nos hace reflexionar, pararnos a pensar en esas “pequeñas cosas” que, en nuestro día a día, nos pasan desapercibidas y realmente son las importantes, ya que vivimos en una sociedad en la que todo sucede demasiado rápido y el secreto está en tener una mirada más contemplativa para disfrutar de la vida y ser más felices.

Y para terminar, quiero dar las gracias a Mar Cantero por escribir el prólogo de mi libro. Para mí es todo un honor.

Muchas gracias a todos por estar ahí, y os envío un abrazo gigante.

 

Podéis ver la sinopsis del libro en mi web: www.yolandamarmol.com y adquirirlo desde allí dedicado y firmado, o escribirme un correo a: info@yolandamarmol.com

También en la web de Círculo Rojo.

Y si lo deseas sin dedicar, lo puedes encontrar en El Corte Inglés, FNAC, La Casa del libro y Amazon.

 

 

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MENTES ABIERTAS

Transforma tu dolor en algo positivo: RESILIENCIA

Transforma tu dolor en algo positivo: RESILIENCIA

TRANSFORMA TU DOLOR EN ALGO POSITIVO:

RESILIENCIA

Por Yolanda Mármol

NO TODO EL MUNDO SABE SALIR ADELANTE

Hace unos años leí la historia de dos hermanos con una misma realidad.

Dicha realidad era que ambos hermanos habían crecido junto a su padre alcohólico y maltratador.

El resultado de dicha vivencia y el rumbo que habían tomado sus vidas no podía ser mas dispar.

 

 

Uno de ellos, pudo llegar a formar una familia formidable, bien situada económicamente y disfrutando de la vida. En cambio, el otro hermano era alcohólico y estaba en la cárcel. Impresionante, ¿verdad?

Tras conocer la historia, un investigador decidió entrevistarse con ellos y hacerles la misma pregunta cuya respuesta hace recapacitar, y es digna para tener de referencia cada vez que nos quejemos de algo en nuestras vidas.

  La pregunta que hizo el investigador fue la siguiente: “Con un     padre maltratador y alcohólico, ¿por qué crees que has salido así?”. Para sorpresa del investigador, la respuesta de ambos hermanos fue la misma y es la siguiente: “Con un padre así, ¿de qué otra manera podía salir?

Ya lo decía Stephen Covey:

No soy producto de mis circunstancias: soy producto de mis decisiones

Pero esta afirmación de Covey me lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que lleva a una persona ante una situación hostil a reaccionar de una manera tan positiva y transformadora cuando todo su entorno es adverso? Es cierto, que hay personas con unas características o predisposición a la resiliencia lo que, le hace adaptarse mejor ante situaciones no favorables, pero no es menos cierto que es, sobre todo, una cuestión de actitud, de una convicción interna basada en creencias no limitantes, en ver una oportunidad de crecimiento ante ese dolor y transformarlo en productividad, energía positiva, aprendizaje o como queramos llamarlo.

Y te estarás preguntando qué hacen las personas que transforman el dolor o una historia adversa en transformación personal y en una oportunidad para cambiar. ¡Vamos a ello!

  • Actúan y buscan ayuda: en vez en quedarse sumergidos en ese “ay, pobrecito de mí”, planifican la vida con un enfoque diferente, se ponen pequeñas metas y actúan en consecuencia. También, al ser conscientes de sus emociones y hacerse responsables de lo que si esta en sus manos, es decir, sus pensamientos y actitud, son conscientes de cuando están mal, cuando los pensamientos y emociones negativas les abruman, y en vez, de huir de sus problemas, cogen el toro por los cuernos y piden ayuda, bien profesional, de amigos, familia o de quien ellos confían, porque saben que pedir ayuda es una actitud fuerte, madura y responsable para transformar un pasado doloroso en una oportunidad para cambiar.

Habrá muchas maneras de transformar el dolor, pero he querido sintetizar y poner las tres maneras que, he podido observar que ponen en marcha las personas resilientes y que, salen de las peores situaciones que puede vivir un ser humano.

¡TRANSFORMA TU PASADO DOLOROSO EN UNA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR!

  • Controlan sus emociones: saben detectar, aceptar y transformar las emociones negativas que se sienten ante situaciones dolorosas, tales como miedo, rabia, ira, etc., y, en vez de luchar contra ellas o escapar para deshacerse de tales emociones, aceptan que las tienen, toman conciencia de ellas y actúan en consecuencia, es decir, buscan maneras y modos de dar paso a emociones sanas y positivas, como el amor, agradecimiento, alegría, etc.

  • Ven más allá: tras el dolor inicial, es decir, tras pasar el duelo, en vez de quedarse anclados en pensamientos tales como: “esto no tiene solución”, “este dolor ha acabado con mi vida” o pensamientos victimistas similares, se cuestionan dichas frases, sus creencias, analizan si eso de verdad es cierto, o si hay otros caminos alternativos para empezar de nuevo. En definitiva, no se conforman con la situación que les ha tocado vivir, y se agarran con uñas y dientes a la vida, y ponen toda su voluntad, empeño y actitud en ver una salida.

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MENTES ABIERTAS

 

¿Sufres maltrato psicológico?

¿Sufres maltrato psicológico?

¿Sufres maltrato psicológico?

 

Por Yolanda Mármol

PODRÍAS ESTAR SUFRIENDO EL MALTRATO "LUZ DE GAS"

Todos sabemos que el maltrato psicológico existe, pero por desconocimiento muchas veces es enmascarado con múltiples y variadas formas y no sabemos exactamente que nos está pasando y que tipo de maltrato psicológico estamos sufriendo.  

Concretamente, hoy os voy a hablar de la luz de gas, cuyo término en inglés es gaslighting cuyo propósito del maltratador es alterar la realidad percibida por la víctima, haciéndole creer que es falsa, que dude de ella, de su cordura y estabilidad mental.  

Si estás seguro de tu realidad y crees que puedes estar sufriendo luz de gas, te voy a dejar 5 señales que pueden indicar que estas siendo víctima de la luz de gas, e identificarlo a tiempo es primordial.  

 

5 SEÑALES DE QUE ESTAS SIENDO VICTIMA DEL MALTRATO LUZ DE GAS

•Te martiriza constantemente con fallos que puedes llegar a cometer y no tiene ningún inconveniente en usar la mentira para confundirte. 

•Acabas agotad@ y exhausto cuando estas al lado de esta persona en vez de feliz y contento, bien por su negatividad, bien porque te machaca constantemente con tus fallos o defectos, en vez de decir las cosas buenas que todos poseemos.

•Te dice frases de forma reiterada tales como ¨no es para tanto, te tomas las cosas demasiado a pecho¨, ¨te estás volviendo loc@¨, ¨eres un@ exagerad@¨, etc…  

•Dudas de ti mism@ y de tu realidad por los sentimientos de culpa constante que te hace sentir dicho maltrato.  

•Nunca te da la razón, siempre la razón la tienen ellos o ellas. Estate alerta con esto porque es imposible que nunca digamos o hagamos nada bien, ya que, en las relaciones unas veces tiene razón el otro, y otras nosotros, pero cuando nunca la tenemos y llegan a tergiversar los hechos y las palabras para salirse con la suya, debes estar muy alerta.  

Este tipo de maltrato suele darse más en parejas, pero también puede darse en el círculo familiar, de amistad, etc. Lo que sí es una característica en todos ellos es que sucede en privado, casi nunca hay un testigo que escenifique todo lo que sucede.  

Para que se entienda mejor este tipo de maltrato silenciado y que no deja huellas visibles, os dejo a continuación el testimonio de la valiente Marta hizo en la web Pikara Magazine. 

 Me llamo Marta y me he decidido a escribiros para contaros la violencia que sufrí en mi última relación amorosa. Ahora soy consciente de que no estaba loca y sé que lo que viví es un tipo de violencia psicológica que tiene un nombre: violencia “luz de gas”, o gaslighting en inglés. 

Os presento al que fue mi amor y mi agresor. Sin ser guapo era supe atractivo, un intelectual indómito y salvaje, un rebelde. Teníamos 15 años e íbamos con el mismo grupo de amigos. Era dulce e imprevisible a partes iguales. Me tenía loca. Estaba totalmente enamorado de mí y propagaba a los cuatro vientos que yo era la única. Todas las mejores canciones eran la nuestra, todas contaban nuestra increíble historia, especial como ninguna (así lo sentíamos). Vamos, amor romántico de manual.

A lo largo de los años, nuestras vidas fueron entrelazándose a ratos y separándose en otras ocasiones. Ambos tuvimos otras relaciones. Tan pronto nos encontrábamos y tocábamos el cielo como nos sumíamos en los reproches o en el silencio más oscuro. A pesar de tanto sufrimiento y volatilidad, en mí siempre estaba esa certeza romántica de que algún día la vida nos juntaría. Y así ocurrió. Comenzamos a salir “oficialmente”. Tendríamos unos 25 años. Al principio no cabíamos en nosotros de la alegría. Pero tras la euforia inicial, la felicidad duró poco.

Pasados unos meses todavía teníamos algunos momentos bonitos pero, tras un par de cambios en su vida que llevó fatal, comenzó a tener muchos cambios de humor. Yo lo achacaba a que estaba pasando un mal momento. A menudo estaba frustrado por algo ajeno a mí (la enfermedad de un familiar, problemas en el trabajo, dificultad para sobrevivir en una gran ciudad…) y pasaba horas de morros, sin dirigirme la palabra o caminando un metro por delante de mí en la calle, a toda velocidad, mientras yo le preguntaba corriendo tras de él qué pasaba sin obtener respuesta. De repente, tan de golpe como llegaba la cerrazón, volvía a estar normal y encantador; y recuerdo que yo sentía mucha confusión y sensación de irrealidad: “¿Esto ha pasado?”… 

Comenzó a reprocharme esa libertad que él siempre había admirado de mí. Cuando yo me comportaba de manera espontánea casi siempre había una queja, o ponía en cuestión mi comportamiento o mi lógica. Así que, sin darme cuenta, aprendí poco a poco a auto censurarme para no discutir, convirtiéndome en plastilina en sus manos. Siento una persona que no era. Como si fuera Dr. Jekyll y Mr. Hyde, tan pronto se enfadaba sin ninguna explicación como que estaba dulce y cariñoso. Al principio yo alucinaba y me rebelaba. Luego empecé a pensar que quizá era una exagerada y que era mejor aprovechar los momentos “buenos” ya que eran cada vez más escasos. Pero eso me mataba, me dejaba en una posición de debilidad y de confusión tremenda.

Tiempo después de dejar la relación fui consciente de que yo tenía miedo de forma permanente al saber que sus reacciones eran imprevisibles. Pero, cuando estaba dentro, increíblemente no me daba cuenta de que eso tan desagradable que sentía era miedo. Recuerdo también discusiones telefónicas eternas a última hora del día cuando yo estaba agotada y sólo quería dormir. Me cubría de reproches por cosas que según él yo exageraba o me inventaba: me negaba cosas que él me había dicho, conversaciones que habíamos tenido, decía que no me acordaba de nada y me acomplejaba por mi “falta de memoria”; en contraste con la suya, certera siempre según él. ¡Hechos, dame hechos concretos!- me exigía- No me sirve con que me digas que en ese momento recuerdas sentirte mal. ¡Dame hechos! 

En los últimos meses de la relación cada vez que hablaba con él por teléfono llegué a tener siempre un cuaderno y un boli al lado para apuntar nuestras conversaciones, así me aseguraba de saber exactamente qué habíamos dicho ambos y cuándo, ya que para ese momento yo ya no confiaba para nada en mí, en lo que había oído o visto ni en mi memoria. Lo fuerte es que yo esto lo veía normal. Todo iba aliñado con declaraciones de amor profundo y de “para mí eres lo primero”, aunque en la práctica él ignoraba todas mis peticiones de cambio. Yo era quien invertía más energía y dinero en estar con él, desplazándome a su ciudad, pero él me convencía de que yo era egoísta, despistada y desconsiderada.

Yo no concebía que alguien que “me amaba tantísimo” pudiera estar maltratándome. Pero eso estaba ocurriendo y de hecho, sin darme cuenta, había entrado en un estado de debilidad, desorientación, desgana y tristeza que casi no me permitía disfrutar de nada. Cuando salí de esa relación, entendí que ese “orgullo” que me reprochaba no era tal, sino amor propio. Aunque me considero optimista, proactiva y bastante enérgica, y conté con el apoyo de algunas amigas y mis padres, tardé más de un año en recuperarme, en sentirme fuerte de nuevo y en abandonar la culpa. 

Sin terapia creo que no hubiera sido capaz. Años después, en una clase sobre las violencias psicológicas, la profesora describió la violencia “luz de gas” y me puse en pie como con un resorte: ESO ES LO QUE A MI ME OCURRIÓ. Me di cuenta de que no era algo que había sufrido de forma individual sino una forma de violencia psicológica institucionalizada y normalizada, que persigue el control de la persona violentada. 

Amor es buen trato, disfrute y apoyo, nunca manipulación, malestar ni control. Gracias por leerme. 

Si crees estar sufriendo este tipo de maltrato, espero que este articulo te haya ayudado y si crees que puede ayudar a mas personas, no dudes en compartirlo en tus redes sociales. Gracias.

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