Por Cristina Martínez Martín

  Un grito en la oscuridad

 

 Por Cristina Martínez Martín

 

 

 

 

Si atacan a una nos atacan a todas.

Que no sea un eslogan de occidente sino una batalla global.

Lo que está ocurriendo en Irán es de tal magnitud que nos asombra que el mundo siga girando y nosotras, las mujeres, no nos levantemos en masa para oponernos…

Acabo de leer y no es un bulo, que una niña de catorce años fue brutalmente violada y asesinada por quitarse la hijab…  En el hospital adonde la llevaron no pudieron salvarla por las tremendas desgarraduras vaginales que había sufrido…

Es verdad que las mujeres no cejamos en una lucha que no cesa, ahora bien, ante un gobierno de un país que está haciendo ese daño a nuestras hermanas nos sentimos impotentes y miramos para otro lado, tal vez porque ese país está lejos y parece que nos duele menos, tal vez porque tenemos miedo, sí miedo al fanatismo que mata para imponer su ideología.

Es cierto que aún quedan muchos asuntos sin resolver en occidente, es cierto que hay que mantener las espadas en alto ante comportamientos y actitudes que pese a su barniz ocultan un feroz machismo, pero lo de Irán es la punta del iceberg.

En Irán las mujeres han retrocedido dos o tres siglos y todas las mujeres en esa sociedad han pasado de ser personas con carreras y profesiones, con futuro e ilusiones, a ser reducidas a la esclavitud.

Es preciso que todas las mujeres del mundo nos opongamos con todas nuestras fuerzas y recursos a esa barbarie.  No se trata de política ni de religión, se trata de derechos humanos.  Se trata de que las mujeres llevamos apenas un par de siglos luchando por la igualdad y, en aquellos países donde el fanatismo religioso triunfa, hemos perdido la batalla y quienes se oponen, la vida…

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